Cazurreando

CAZURREOS III

 

  • Punto de victoria. Aunque suene común, o tópico, o frase rutinaria… pero el punto tuvo más valor de lo que parece. Porque fue un punto, pero, por momentos, sobre todo al final, tuvo sensación de ser demasiado premio. Sumar de esta manera es positivo por la forma y el fondo. Una forma que se amolda a una excesiva recompensa, y un fondo que sostiene un duelo donde, salvar el tipo manteniendo las espaldas en alto ante el Fuenlabrada, se saborea de dulce con sensaciones que dejan la sólo la marca en el cuello de una cuerda que llegó a apretar pero no ahogó.

 

  • El Eladysmo sigue siendo tendencia. Poco le falta al jienense para saberse tan imprescindible como necesario. Y Borja lo sabe. Sabe lo que le ofrece aunque le gustaría no saberlo, sabe cómo apura sus cualidades y se siente aún con el poder de decidir la presencia o ausencia del pichichi del equipo cartagenero. Más allá de excusas banales asociadas a tarjetas o cambio de dibujo, convencido estoy de que, tras el gol de los madrileños, le subió la ansiedad a la garganta pensando en el cambio que había hecho. Si llega a perder… Y el señor Zorrilla lo sabía, de ahí el cabreo en la banda.

 

  • Entre cañones, sin balas. Así apareció el Fuenlabrada, un equipo que, actualmente, hace mayúscula cualquier presencia en el campo contrario. Y eso que el letargo marcó el guion durante muchos minutos. Solo el gol les despertó de un sueño plácido sin peligro, cómodo para los defensas y falto de ritmo para el aficionado (desde casa). Cuando encajaron se soltaron el arnés, maquillaron su presencia y empataron. Tardaron poco; la rabia que les enchufó al partido y la dejadez en la marca local del gol de Franchu. ¿Pudieron hacer más? Por supuesto, pero estaba Marc, la tapia cartagenera.

 

  • Sin centro del campo. Le está costando a Clavería ponerse en el escaparate. Unas veces ausente y otras sobremultiplicado en actitud, su ansia de agradar a veces le hace correr más de lo que debe y hacer más de lo que debería hacer. Menos mal que José Ángel, otro de los proscritos, ha aprendido a mostrar esa cicatriz en el alma con la sencillez de a quien todo le sale bien. Poco más en su debe, mucho más en su cartera.

 

  • La exigencia, sin memoria. Suele pasar cuando los ánimos se crecen. Seis de seis y nueve de nueve, se pensaban algunos. Eso se esperaba entre la grada, quizás minusvalorando el nivel del Fuenlabrada. Firmar siete de nueve en estos tres últimos partidos hubiera sido sellado por muchos tras el arranque de competición. Pero el andamio se puede tambalear de no apuntalarlo, y eso no se hace con guiños de besaescudos y actitudes tribuneras. De momento,la defensa se está empezando a creer defensa, Marc está callando las bocas que le llevaban al banquillo ante la llegada del polaco y Elady y Rubén están sosteniendo el peso ofensivo. Lástima que José Ángel se sienta tan solo como la falta de contundencia y regularidad de Clavería y de un Carrasquilla que no termina de aparecer (por las molestias).

 

  • El nudo ya no ahoga. Tampoco hay cuerda tan estirada como en el inicio de la temporada aunque ahora, a estas alturas, anudar cualquiera cosa ya no se sabe si es más para recordar lo que costó arrancar o lo que les cuesta a los demás cuando hay que comparar. Pregunten a los del Almería si su cuerda da para más. Con una plantilla sublime (más a nivel de sueldos que de juego), los del jeque llevan semanas peleando entre el ridículo y la falta de consistencia.

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